Paraguay produce más cannabis que nadie – y todo sigue ilegal
🇵🇾 Paraguay es, por volumen, el mayor productor de cannabis de Sudamérica. No Colombia, no Brasil, no Uruguay. Paraguay. Un país sin costa, con 7 millones de habitantes, encajado entre Argentina y Brasil. Y casi toda su producción cannábica es ilegal, alimenta el mercado negro regional y cruza la frontera hacia Brasil en cantidades industriales.
La paradoja paraguaya es la más extraña del continente: el país que más produce es el que menos regula.
El origen de la paradoja
La relación de Paraguay con el cannabis tiene una explicación histórica y geográfica. El norte del país — especialmente el departamento de Amambay, fronterizo con Brasil — tiene condiciones ideales para el cultivo: clima subtropical, tierra fértil, agua abundante. Durante décadas, esas tierras alimentaron el mercado informal de mariguana que Brasil, con 215 millones de habitantes, demandaba sin parar.
El resultado: Paraguay se convirtió en el proveedor de facto de Brasil, con estimaciones que colocan a Paraguay como origen de entre el 60% y el 80% del cannabis que circula ilegalmente en Brasil. Toda esa economía existe completamente fuera del sistema legal.
Lo que sí es legal: el cannabis medicinal e industrial
En diciembre de 2017, Paraguay aprobó un marco legal para la producción controlada de cannabis para investigación médica y científica. En 2020 otorgó sus primeras licencias de producción medicinal. Y en 2021, Paraguay se convirtió en líder mundial de la industria del cáñamo industrial, superando a países europeos en volumen de exportación de fibra y semillas.
Las ventajas competitivas son reales y documentadas: costos operativos 50% más bajos que Uruguay, electricidad barata, salarios bajos, industria farmacéutica establecida. Los mercados de destino para el cannabis medicinal ya exportado incluyen Canadá, Países Bajos y Alemania.
El problema: la escala
El mercado medicinal legal es una fracción microscópica de la producción total. Las licencias otorgadas son contadas. El debate político sobre una regulación más amplia existe — el Senado paraguayo instaló en 2024 comisiones sobre uso medicinal y recreativo — pero avanza lentamente en un país donde el tema es políticamente sensible.
Mientras tanto, la economía ilegal del cannabis en Paraguay mueve cientos de millones de dólares al año, genera violencia en zonas de cultivo, enriquece redes criminales y priva al Estado de ingresos fiscales que podrían transformar comunidades enteras.
La oportunidad que Paraguay no está aprovechando
La comparación con Uruguay es inevitable. Uruguay reguló, construyó una industria, redujo el mercado negro al 6,7% del acceso y hoy hace la mayor exportación de cannabis del mundo. Paraguay tiene mejores condiciones naturales que Uruguay, costos más bajos y ya exporta cáñamo industrial a Europa.
Lo que le falta es voluntad política para dar el paso que Uruguay dio en 2013: convertir una economía ilegal masiva en una industria legal regulada. Cada año de espera es otro año en que el crimen organizado controla lo que el Estado podría controlar.
Paraguay tiene todo para ser el Colombia del cáñamo industrial. Le falta decidir si quiere serlo.